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EL ACELERÓN Comenzaré con un breve análisis del comportamiento de la población almeriense que manifiesta a lo largo del siglo pasado una trayectoria muy peculiar. Hacia 1800 el territorio de lo que después sería la provincia de Almería debía albergar a unos 170.000 habitantes, lo que equivalía a una densidad de unas 19 personas por km2. El territorio vacío que siguió a la expulsión de los moriscos a finales del siglo XVI, había sido progresivamente ocupado a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Aunque la investigación no ha fundamentado todavía con precisión estos temas, da la impresión de que el siglo XVIII puede dividirse en dos grandes etapas separadas por los años 1750- 1760: gran crecimiento, durante la primera mitad, para decaer durante las décadas finales del setecientos. Lo cierto es que los primeros lustros del siglo XIX se caracterizaron por una atonía demográfica que debía enlazar con la tendencia de corto crecimiento que se arrastraba desde las décadas finales del setecientos. Además, el nuevo siglo amanecía acompañado de grandes dificultades: la guerra de la Independencia, las epidemias de fiebre amarilla de 1804 y 1811, la gran hambruna de 1812...; no es de extrañar, pues, la modestia del aumento de la población operado entre 1800 y 1820. Por el contrario, entre esta última fecha, aproximadamente, y los años 1850, la provincia vivirá el acelerón demográfico más importante de su historia. En menos de treinta años se superaron consecutivamente los doscientos mil y los trescientos mil habitantes. El primer censo oficial de población de España, realizado en 1857, adjudicaba a la joven provincia almeriense un cómputo de más de 315.000 almas, lo que suponía una densidad de población de 36 habitantes por km2, ya por encima de las cifras promedio andaluza y española en aquellos años. Para subrayar la espectacularidad de este crecimiento creo que se debe llamar la atención sobre su ritmo y su originalidad. Refiriéndonos al número de habitantes, en el territorio almeriense los primeros cien mil debieron alcanzarse hacia 1720- 1730, de donde cabe inferir que se tardaron unos cien años en alcanzar la siguiente centena de millar —hacia 1820—. Pero desde esta cota hasta la siguiente, la de los trescientos mil, transcurrieron, como se ha dicho, menos de treinta años —se alcanzaría en torno a 1850—. La siguiente centena de millar —la de los 400.000— no ha sido superada hasta 1980: unos 130 años después. Está claro el carácter inusitado del crecimiento demográfico acaecido en el segundo tercio del siglo XIX, solo parangonable al actual dinamismo demográfico, concentrado, no obstante, en las comarcas del litoral. Pero es que además, este comportamiento resulta insólito en los contextos andaluz y español. Entre 1787 y 1860 la población de Almería pasó de unos 165.000 habitantes a los mentados 315.000, lo que significa un aumento del 91 %. En ese mismo lapso, la población andaluza había crecido en un 50 %, mientras que la española crecía en torno al 63 %. En contraste con el dinamismo de la primera mitad del ochocientos, a lo largo de la segunda mitad el crecimiento será mucho menor. Apenas el 14 % entre 1860 y 1900, mientras que en el mismo lapso las cifras española y andaluza aumentaban en un 19 %.