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LA APERTURA ECONÓMICA HACIA EL EXTERIOR Al mismo tiempo, la demanda internacional que había estimulado, ya durante la primera mitad del XIX, un decisivo desarrollo de la actividad minera, fomentaba la especialización de algunas zonas en producciones destinadas al comercio mundial. La provincia de Almería, tan penalizada históricamente por su localización geográfica - posición "esquinada" en la Península y una organización del relieve que dificultaba la comunicación con la Meseta y la Baja Andalucía-, durante el último tercio del XIX, iniciaría el desarrollo de una pujante agricultura comercial - la producción de uva de embarque- que sería el primer capítulo de una trayectoria que sigue situando hoy al sector agrario como el eje del desarrollo económico provincial. En la coyuntura de finales del siglo XIX, Almería disponía de rentas de localización mucho más favorables para su integración en el mercado mundial, que para su conexión con el resto de la economía nacional. Sin exagerar el carácter "isleño" de su economía en aquellos tiempos, no hay que olvidar que los factores naturales ( los climáticos, por ejemplo, que facilitaron las especiales características de aguante de las uvas de Almería, o los criaderos minerales que, ya explotables con la tecnología del XIX, encerraban sus sierras) a la vez que la relativa proximidad geográfica a los centros de consumo europeos, les confirieron unas ventajas para su especialización en el comercio internacional, de las que pudo aprovecharse hasta la tercera década el siglo XX. Respecto a los mercados internacionales de productos agrarios, en una fase todavía de incipiente integración, conviene destacar la buena situación de la producción almeriense de frutas frescas, en comparación, por ejemplo, con otras zonas extracontinentales, en una época en que los progresos en el terreno de los transportes marítimos no había llegado aún a desarrollar una tecnología eficiente en la conservación de los frutos frescos durante las largas travesías. Las ventajas locacionales pudieron aprovecharse ante la expansión de la demanda exterior, tanto industrial como doméstica. Las industrias de los países más avanzados se abastecieron de las materias primas minerales (el plomo para la metalurgia o el hierro para la siderurgia) o vegetales (el esparto para la fabricación de papel) que se extraían del territorio almeriense. Por otro lado, conforme maduren los procesos de industrialización en Europa, y ya desde finales del siglo XIX, la elevación del nivel de vida medio de los habitantes de los países avanzados, favorecería una modificación de las pautas de consumo alimenticias que terminan incluyendo, cada vez más, en las dietas de amplias capas de sus poblaciones, las frutas y hortalizas de las agriculturas mediterráneas. Entre éstas, la uva de Almería se situaría muy favorablemente en el periodo que va de 1880 hasta 1930.