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ALMERIA: LA TIERRA DEL ESPARTO Desde finales del siglo XVIII el esparto había generado una potente industria artesana (la esparteria) estimulada sobre todo por la demanda de sogas y cuerdas de los buques de cabotaje y de pesca que por esa época tocan en los puertos naturales del litoral con una intensidad creciente. La recolección del esparto y su manufacturación generaban un gran número de puestos de trabajo con carácter temporal. Esta industria doméstica -repartida en docenas de talleres y racdicada en la ciudad de Almeria- se vio perjudicada por la voracidad de los hornos de fundición de plomo a partir de 1820, enormes consumidores de los atochares más cercanos a los centros manufactureros. Pero la puntilla definitiva la recibieron en torno a 1860, cuando se produce el fulgurante despegue de las exportaciones de esparto en rama con destino a las industrias británicas fabricantes de papel. La guerra de Secesión norteamericana había encarecido sobremanera los trapos empleados tradicionalmente como materia prima papelera; de ahí que los grandes fabricantes ingleses anduvieran por esos por esos años a la búsqueda de un nuevo suministro. La demanda exterior promovió una fiebre recolectora en los baldios de toda la provincia, con una especial dedicación en los del Campo de Nijar, en donde, además, se produjeron privatizaciones de dudosa legalidad de extensos terrenos comunales que vinieron a manos de personajes importantes del momento. Las cifras de exportaciones del esparto en rama se multiplicaron y pasaron de las 1.000 toneladas anuales a cifras que superaron las 15.000 hasta finales de siglo. La sobreexplotación de los atochares, sin embargo, y la dura competencia de la producción de los espartizales argelinos, además, estancarían el volumen exportado, primero, para, ya traspasado el siglo XX, entrar en franco declive.