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LA EXPANSIÓN DE LA MOLIENDA Sin embargo, los progresos del cultivo de los cereales y las posibilidades energéticas de algunas zonas, hicieron posible el desarrollo de una tradicional industria agroalimentaria. Me refiero, claro está, a la proliferación, en los lugares donde el caudal de los cursos fluviales lo permitía, de la molinería hidráulica de los granos, e, incluso, en el Campo de Níjar y otras zonas del levante, a la extensión de los molinos de viento inspirados en la morfología desarrollada en el Campo de Cartagena. No obstante, predominan los tradicionales molinos hidráulicos de represa, en los que la fuerza motriz del agua era desviada de las acequias de regadío, para en su caída por el interior del "cubo", proporcionar movimiento al "rodezno" que lo transmitía a las piedras de moler. En su inmensa mayoría, se trataba de molinos de una sola piedra, con escasa capacidad de molturación, que sólo funcionaban en temporadas inferiores a los seis y tres meses y que mantenían una elaboración sujeta al cobro del servicio en maquila (una parte de la harina obtenida). En 1895-96, las estadísticas de contribución industrial anotan todavía cómo en la provincia de Almería, sólo 124 contribuyentes, por el ramo de fabricación de harinas, de un total de 520, el 24 %, se mantiene en actividad por encima de los seis meses al año, mientras que el 33 % declara que su funcionamiento se limita a menos de tres meses cada anualidad. La distribución geográfica de esta actividad revela la importancia de la molinería en las comarcas del río Nacimiento (Fiñana, Abla, Gérgal), a lo largo del río Almanzona, desde Serón hasta Huércal Overa y Cuevas del Almanzora, en el Campo de Níjar, donde se unen la mayoría de los molinos de viento con el espectacular conjunto hidráulico de las vegas de Huebro y Níjar, y la zona de los Vélez, donde se puede apreciar ya la presencia relevante de instalaciones que ya son denominadas como "fábricas de harina". En esta comarca, el principal área cerealista de la provincia, se concentraban casi la mitad de las fábricas que, funcionando todo el año, y utilizando motores hidráulicos, habían remozado los viejos molinos dando origen a un poco conocido episodio industrial que tuvo su época de esplendor durante el último tercio del siglo XIX. Tanto los Vélez, dentro de la provincia, como las vecinas comarcas granadinas de Guadix y el Marquesado, han cumplido históricamente el papel de verdadero granero de las tierras almerienses, cubriendo sus frecuentes déficits en la producción de alimentos básicos.