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LA IMPORTANCIA DEL CONTRABANDO EN LA ALMERÍA DEL SIGLO XIX Cuando el viajero británico Richard Ford visita Almería hacia 1835, resume la impresión que le causa la capital de la nueva provincia de una manera lapidaria: "Almería es capital de la provincia y residencia de autoridades menores que se enriquecen fomentando el contrabando de Gibraltar". No se trataba de una exageración de un viajero romántico. En la misma Gaceta oficial, en diciembre de 1839, se quejaba el gobierno de la Nación de la libertad con la que se efectuaban los desembarcos de contrabandos en las provincias del Mediterráneo y "principalmente en Almería". La edad de oro del contrabando de géneros textiles británicos y de tabaco introducidos desde Gibraltar , la podemos situar en las décadas que van desde 1820 hasta 1850. Un cúmulo de factores nos pueden ayudar a extender la extensión del fenómeno. Las relaciones comerciales intensas con la plaza británica, en primer lugar; el alza de la demanda de géneros de consumo como consecuencia de las ganancias derramadas por la minería de Sierra de Gádor, en segundo; y la abierta complicidad de unas autoridades que pagaban así los apoyos de las partidas contrabandistas al liberalismo, por último. También facilitaría la actividad contrabandista, la debilidad de un Estado en plena crisis institucional y fiscal, incapaz de atender a sus compromisos con unos empleados (los encargados de la represión del fraude dentro del Cuerpo de Carabineros) que se sentían empujados a un comportamiento venal. A todo esto hay que sumar la oferta suficiente de personas que engrosaban las aguerridas partidas de custodiadores de los desembarcos en las solitarias playas y porteadores de los alijos hacia el interior. El carácter montaraz de estas partidas se puso de relieve en la llamada acción de la Carrasquilla, acaecida en la playa de los Bajos de Roquetas, en la madrugada del 27 de agosto de 1839, y en la que se enfrentaron fuerzas del ejército, carabineros y Milicia nacional, con el Jefe Político de la provincia al frente, con una partida de unos 600 hombres al mando de un famoso contrabandista apodado el "Cuchichí" y que, tras una dura refriega saldada con varios muertos por las dos partes, en la que los defraudadores llegaron a utilizar pequeñas piezas de artillería y el apoyo de los buques contrabandistas, terminaría con la dispersión de aquéllos y el abandono de parte de la carga alijada. Algunas comarcas como la taha de Marchena, en el Medio Andarax, o la población de Gérgal, constituyeron por esos años una cantera destacada de contrabandistas.