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LA CRISIS DEL ANTIGUO RÉGIMEN Y LA "GUERRA CONTRA EL FRANCÉS" El advenimiento de la revolución liberal burguesa supuso un recambio profundo en las élites políticas de la provincia. Por lo general, la vieja oligarquía del Antiguo Régimen que había controlado el poder en los ayuntamientos, se verá relegada por unos nuevos protagonistas catapultados por un destacado ascenso económico y social. Este recambio será evidente, sobre todo, durante el reinado de Isabel II (1833-1868), en el que van a ser personajes de la nueva burguesía de los negocios mineros y mercantiles, los que piloten la marcha del liberalismo almeriense. Parece evidente que, al margen de un estrecho determinismo, el peso político de Almería en el proceso de revolución liberal, estará ligado a su evolución económica y social y a la aparición de esas nuevas élites vinculadas a los negocios más dinámicos del momento. En determinadas fases de la construcción del régimen liberal, algunos de los hechos acaecidos en Almería van a alcanzar una trascendencia nacional. No obstante, durante la Guerra de la Independencia, el territorio almeriense no va a ser escenario de importantes operaciones militares. El control del corredor entre Baza y Lorca, a través de los Vélez, por parte de las fuerzas españolas o francesas, determinará la obediencia de los poderes locales a una u otra autoridad. La ciudad de Almería estará ocupada por las tropas francesas desde marzo de 1810 hasta septiembre de 1812. En este periodo se acometió una reorganización territorial a través de la conversión de la antigua provincia de Granada en una Prefectura dividida en tres subprefecturas, con capitalidades en Granada, Almería y Baza, respectivamente. La subprefectura almeriense abarcaba los pueblos del antiguo partido de Almería (los municipios del Bajo Andarax, Tabernas y Níjar), mientras que el resto de lo que ahora es la provincia, quedaban bajo la jurisdicción de Baza (Filabres, Almanzora y los Vélez) y Granada (Alpujarras). Como subprefecto de Almería, el gobierno de José Bonaparte designa al motrileño Javier de Burgos, que con el correr del tiempo sería en 1834 el reponsable último de la creación de la provincia de Almería, al aprobarse la nueva división territorial bajo su mandato como ministro de Fomento. La administración afrancesada, a pesar de la excepcionalidad de la situación de guerra, dará algunos pasos en un sentido inequívocamente reformista. Así, algunas medidas desamortizadoras que afectaban a algunos bienes eclesiásticos, o la acometida de algunas pequeñas actuaciones de saneamiento urbanístico como la demolición de algunos lienzos de las murallas de la ciudad ya inservibles, o, sobre todo, la apertura de la nueva calle de Jovellanos sobre lo que había sido parte de un convento. La guerra de la Independencia tuvo un componente inequívoco de guerra civil. En Almería la fidelidad a la monarquía del rey José fue secundada por un grupo afrancesado que tuvo predicamento especial en la zona de Berja, en donde surgió la partida organizada por Martín de los Llanos. Otros, como Gabriel Peralta, alcalde de Dalías, organizaron partidas "patriotas"; y, en fin, tanto unos como otros, incluyendo a las tropas españolas de Blake o las francesas de Belair, se dedicaron a modo a saquear las cada vez más exhaustas arcas de los municipios que tenían la desgracia de recibir su visita.