6 mitos y realidades sobre la disfunción eréctil

Es usual oír publicidades sobre la disfunción eréctil, y cómo altera la vida de la población masculina. En los comerciales y ofertas de internet podemos ver como se ofrecen soluciones mágicas al problema de disfunción, sin embargo, no siempre se tiene los alcances del trastorno, y sabemos que constituye una limitante en la actividad sexual, pero no siempre tenemos claro del todo lo que se involucra.

Lo que es innegable es que la sexualidad es un proceso complejo que involucra diversos factores que van desde el ámbito psicológico hasta ámbitos neurológicos y vasculares. Mantener una erección, no sólo requiere que se produzca un estado de excitación fuerte, también se necesita que la mente se encuentre limpia, libre de pensamientos perturbadores y que el sistema circulatorio esté en óptimas condiciones.

Producir una erección requiere de un gran esfuerzo de nuestro corazón, para así poder bombear la sangre requerida para mantener el miembro duro, por lo que en individuos con afecciones físicas, puede ser extremadamente difícil el prolongar la erección hasta completar el acto.

Muchos se hacen ideas erradas sobre los conceptos, y sobre lo que involucran los trastornos, y la disfunción eréctil no es la excepción, por ello, a continuación te explicamos lo que debes saber al respecto de esta afección, lo que implica, y los mitos al respecto.

El pene no se levanta

Este es el primer mito respecto al trastorno, y esto despierta sensaciones de pánico en la población masculina, la cual piensa que al sufrir esta disfunción, su miembro no podrá lograr una erección. Esto es totalmente falso.

La disfunción en el órgano sexual se define como la dificultad para sostener el miembro en estado erecto durante el acto sexual completo, y aunque en casos críticos se puede evidenciar una incapacidad total, para la gran mayoría no ocurre de esta manera.

Debes considerar que esta dificultad/ incapacidad debe presentarse por un periodo mayor a tres meses, ya que, pequeños episodios son atribuidos a condiciones pasajeras, como el estrés, depresión o enfermedades.

Se requiere de un corazón sano

Esta afirmación es correcta, ya que la erección se produce cuando los conductos eferentes ubicados a lo largo del pene se llenan de sangre, por lo que tu corazón debe estar en la capacidad de bombear la cantidad de sangre requerida para mantenerla. Los pacientes con problemas vasculares, pueden tener serias dificultades para sostener su pene erecto.

Es un proceso irreversible

¿Cuándo sufro de una disfunción ya nunca volveré a la normalidad? Aunque en algunos casos esta afirmación puede cumplirse, lo cierto es que las disfunciones pueden ser transitorias cuando se deben a enfermedades o a factores psicológicos, por lo que, en lo que se supere la raíz del problema se volverá a la normalidad.

En las personas que sufren de un proceso degenerativo, bien sea por vejez, o enfermedades incurables, es posible que sus capacidades sexuales vayan en detrimento.

El estrés influye

Totalmente cierto, el acto sexual involucra varios procesos físicos, y el mental es uno de ellos. Por eso, cuando estamos atravesando una etapa de difícil asimilación, o que tiene fuerte carga emocional para nosotros, es probable que esto impacte sobre nuestra libido.

Los hábitos sanos prolongan la salud sexual

Como mencionamos anteriormente, la parte circulatoria juega un papel fundamental en el desarrollo de una erección, por lo que, factores como el sobrepeso, hipertensión y condiciones de colesterol alto pueden afectar la capacidad del individuo para mantener el miembro erecto.

Si tus arterias se encuentran bloqueadas por acumulación de grasa, tu corazón deberá hacer un esfuerzo adicional para vencer la resistencia, lo que limita las capacidades para prolongar el estado de erección.

Tu pareja te abandonará

Esto es impreciso, ya que se han observado casos en los que las parejas del paciente le prestan todo el apoyo y comprensión que necesitan; pero en otros, se han definido rupturas e infidelidades por efectos de esta condición.

Es importante tener en cuenta, que hace falta gozar de un vínculo poderoso y diferente al sexual para que una relación sobreviva a un problema de disfuncionalidad sexual.